Assassin’s Creed® Chronicles: India_20160114094405

“Assassin’s Creed Chronicles: India” es el segundo título de la saga Chronicles con historias un poco más alejadas de la línea central de Assasson’s Creed pero jamás perdiendo el núcleo que es la lucha entre los Asesinos y los Templarios. El primero fue ACC: China y el último será ACC: Rusia cerrando la trilogia.

HISTORIA

Amritsar, India 1841.

Arbaaz Mir ha robado el diamante Koh-I-Noor desde el palacio de Maharajah’s bajo narices templarias. El mentor de Arbaaz, Hamid , cree que el diamante es una poderosa pieza del Edén, pero Arbaaz está más interesado en la princesa Pyara.

Su abuelo, Maharajah Ranjit Singh, fue asesinado por el agente Templario Francis Cotton, y la región está envuelta en tremenda agitación. Las tropas británicas se fortalecen en la región, bajo el comando de agentes templarios infiltrados en la Compañía India del Este.

Los eventos empeoraron con la muerte del hijo y  sucesor de Rajint. Kharag. La corte prepara la sucesión y coronación de su otro hijo, Duleep, cuando Arbaaz  decide infiltrarse en el palacio de verano de Amritsar…

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Arbaaz Mir es un joven asesino adiestrado en la India del siglo XIX quién deberá luchar contra la orden templaria comandada por Francis Cotton

 

JUEGO

Cuando comienzas ACC: India, se proyecta una cinemática muy colorida; digna de aquel estilo que es la india con sus miles de colores y recovecos circulares. Todo bien hasta ahí, porque promete ser distinto a lo que era ACC: China y lo logra, hasta cierta medida. Graficamente es bastante bueno, en comparación a la primera entrega pero se cae en aspectos de jugabilidad ya que confía mucho en el hecho de pasar inadvertido lo que, en muchas ocasiones, es ingratamente frustrante.

A pesar de que las cosas comienzan súper súper bien con Arbaaz, una especia de Aladino onda Disney y todo, todo decae conforme avanza la historia ya que el guión no es muy brillante que digamos. Transformando en este en el cliché de perseguir malos y templarios para recuperar o retener la pieza del Edén.

Al principio encontraba genial la idea de tener toda la cautela del mundo para pasar las misiones de seguimiento y que fallaras cada vez que te veían o te escuchaban. Claramente no soy un hombre de paciencia y me terminó por saturar esta obligación del juego, en la que no deben notar tu presencia bajo ningún aspecto para que puedas suceder en este tipo de misiones que hay en ACC: India. En alto contraste con los línea principal de Assassin’s Creed en la que podías perder a aquellos que te veían o distraerlos, acá no. TOLERANCIA CERO, te veo y te piteo. Fin.

No todo es tan malo, la verdad. Es que para ser un juego en 2D, el hecho de utilizar el sigilo y los distintos artilugios para distraer a tus enemigos, dotan al juego de un tremendo potencial; esconder cuerpos, saquearlos (incluso si no están muertos), esconder los cuerpos y abrir cerraduras lo hacen claramente un digno descendiente de la saga.

Durante tu recorrido, que debería durar poco más de 5 horas, te encontrarás con diversos retos. Uno de ellos son las trampas explosivas que se camuflan con el entorno y explotan EN TU CARA, PAFF. MORISTE. Una vez que reinicias el escenario y te acostumbras al lugar para desactivarlas, se hace más fácil. Pero habrá otro reto que te espera más adelante. Cuando vayas tranquilamente cruzando el mapa, sin esperar nada de nada, PAFF, SABLAZO. Hay asesinos escondidos que pondrán fin a tu paz y, probablemente al igual que a mi, te saquen de tus casillas. MALDITOS. MALDITOS TODOS.

El juego, en sí, no es malo. Mejoró mucho en aspectos visuales en comparación a ACC: China pero son los detalles los que hacen la diferencia. Probablemente para muchos, que sea tan perfeccionista y tedioso en las misiones podrá ser un dulce balsamo para aminorar el hecho de la que la historia dure tan poco. Para otros, este tipo de cosas simplemente le restan diversión al juego. Hay de todo en la viña del señor, ¿no?

 

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